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sábado, 17 de marzo de 2012

Introducción Básica a la Etnografía

La etnografía es, en palabras sencillas, la rama de la antropología que se encarga de investigar, de describir, de estudiar y clasificar las costumbres y culturas de los pueblos; en principio, busca recoger y mostrar datos de carácter empírico y relativo según diversas categorías. Simple, ¿cierto? Sin embargo, esta es solo una primera impresión de un tema que, a medida que se profundice en este, develará ser mucho más grande de lo que parece.
Podríamos decir que uno de los puntos fundamentales de la etnografía –y, a su vez, uno de los más complejos– es el hecho de que no basta con registrar las conductas e interacciones sociales, sea cual sea la comunidad que se estudie y sin importar cuánto se describa el evento. Resulta inútil y vacio el registrar un rito religioso, un festival o las simples costumbres en la mesa… ¡sino se entiende el contexto, el sentido y el significado que estos poseen dentro de la población misma! Con facilidad se puede describir  la situación que acontece en la India con el rechazo social de los llamados “Intocables” como algo aborrecible; la etnografía no solo nos describe y, aunque no nos llama a apoyar o detestar una circunstancia o pintarnos “malos” y “buenos”, nos brinda las herramientas para entenderla. El objetivo de la etnografía es precisamente ese: descubrir las interacciones de las culturas, el entender su significancia dentro de la misma a partir de la visión de los propios participantes y del mismo investigador.

La flexibilidad de la investigación, el uso de los diversos elementos cualitativos y cuantitativos, la incorporación de experiencias y vivencias, hacen que la etnografía sea una técnica tan popular y completa a la hora de identificar culturas y comunidades, sus modos de proceder y su misma identidad. Claro está, para un proceso tan complejo se requieren prácticas de investigación propicias, como lo son:

  • La Entrevista: Si se quiere sacar información de alguien, el mejor modo de hacerlo es hablando con esa persona; y esto es la entrevista. Claro que no es cualquier conversación la que se va a entablar y no es cualquiera al que se va a entrevistar: para hacer una entrevista, además de tener bien definidos nuestros intereses sobre la misma y de identificar correctamente a la fuente, ha de tenerse idea de donde se empieza –hacer las preguntas adecuadas…– y que sean congruentes con el punto al cual se quiere llegar –…para obtener las respuestas deseadas–. Por supuesto, también ha de tener el entrevistador cualidades más allá del conocimiento, pues es esencial el buen trato, la amabilidad y la cortesía cuando se trata de hablar con alguna otra persona… sea o no entrevistado.
          
  • Historia de Vida: Pese a que no lo crean, en el mundo hay muchos más Forrest Gumps de los que se cree, y vale la pena contar sus historias. Historias hay aquí en Colombia de individuos que han vivido aventuras interesantes, que han pasado por los eventos más importantes del país y cuya historia se debate entre la comedia y la tragedia. Interesante, ¿cierto? Así lo creen quienes, en cierto momento de sus estudios, decidieron hacer una investigación en torno a una sola persona. A partir de la entrevista y la documentación se puede realizar una historia de vida que constate desde las maneras del individuo al andar, vestirse y comer, hasta los lugares que alguna vez visito, los personajes que conoció y los eventos en los que participo. Entre más detalles se registren, mejor.
        
  • Encuesta: Los números también son utilices en la etnografía y así lo prueba la encuesta. Rápida y barata, la encuesta permite medir comportamientos a gran escala, además de brindar información que, si bien es limitada, es precisa y cumple con los requerimientos puntuales del investigador.
         
  • Cartografía: Por medio de las técnicas visuales se pueden estudiar con precisión los comportamientos sociales. A partir del trazado de mapas se pueden interpretar los movimientos, las relaciones, los cambios que se realizan dentro de una sociedad, pudiendo también proyectar las angustias, los imaginarios y deseos subjetivos de las comunidades.
     
  • Observación Participativa: Cuando un investigador se relaciona de manera profunda con una sociedad, de modo que pueda observar los elementos que realizan, conforman y definen las mismas, es ahí cuando podemos decir que hay una observación participativa. A la hora de observar, el investigador ha de tener conocimientos previos del campo y las poblaciones y poder comunicarse de manera simple y espontanea con el grupo de estudio, de manera que los datos que de estas interacciones surjan sean lo más auténtico posible. Desde las labores rutinarias del ocio y del trabajo, pasando por los vestuarios y los discursos, llegando a tocar incluso los espacios en los que se habita y los acontecimientos fortuitos, una buena observación ha de registrarlos y –más importante aun– comprenderlos todos.

Hay que señalar, además, que el etnógrafo ha de equiparse con gran cantidad de herramientas, desde las cámaras hasta las grabadoras. Pero puede que la más importante, la que no puede olvidar en ningún momento, la que no puede dejar de cargar ni en el lodazal más profundo que pueda encontrar en algún hueco del Amazonas por el que no pasó Jesús… es su diario. En este, en el cual se registran hasta la minucia las prácticas, interacciones, acciones, diálogos y demás de una población, esta es un herramienta imprescindible. ¿De qué otro modo tendrá el investigador la oportunidad de recordar, de evocar en su trabajo los detalles que pueden hacer la diferencia entre una u otra de las opciones, de las interpretaciones, de los análisis?
Así como un buen autoestopista siempre sabe dónde está su toalla, un buen investigador sabe dónde está su diario, y bien sabe usarlo.

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